Cómo gestionar las emociones para desarrollar tu propia automotivación

Cómo gestionar las emociones para desarrollar tu propia automotivación

¿Cuántas veces sentiste ganas de dar marcha atrás con tus proyectos al ver que no era tan fácil como pensabas o tardaba en transformarse en un negocio de verdad? ¿Pensaste alguna vez esto no debe ser para mí, necesito a otra persona para lograrlo?

Existen muchos motivos para sentir frustración y ganas de abandonarlo todo en un proceso de evolución profesional. En este post vamos a repasar algunos razones por las que a veces sentimos desánimo, y a identificar los recursos que necesitas y tienes a tu alcance para recuperar tus deseos.

Se trata de un proceso de toma de decisiones y gestión emocional que pueden influenciar en las ganas o no de hacer algo.

 

Motivos internos y  externos

Cuando un proyecto, como puede ser el de evolucionar profesionalmente, se frena por esa falta de energía y fuerza que impulsan la acción, se dice que estamos desmotivados. 

Y es que la motivación es una palabra preciosa que une motivos y acción. Es justamente ese empuje que guía y mantiene los comportamientos por los que satisfacemos necesidades y logramos objetivos. 

Para gestionar esos momentos de desmotivación necesitamos comprender que existen dos tipos de motivaciones: las internas y las externas.

La motivación interna es aquella que viene de nuestro interior y se relaciona con los deseos de autorrealización y sentido de trascendencia. Mientras que la motivación externa son los estímulos extrínsecos a nosotros que nos impulsan a conseguir un objetivo. 

Veamos dos ejemplos 

Y qué mejor que empezar por el mío. Cuando hace algunos años decidí montar mi propia empresa, una de las razones internas más poderosas que me impulsó fue la necesidad de tener libertad horaria

Era un momento de mi vida  en donde las obligaciones y estructuras laborales se contradecían con mis deseos de viajar y trabajar al mismo tiempo. Así fue que cuando decidí evolucionar profesionalmente no perdí de vista el deseo interno de ser libre para elegir el lugar y horario de trabajo.

Otro ejemplo que me resulta interesante de compartir es el de una mujer que ama la cocina. Imaginemos, si esta persona disfruta de cocinar puede identificar sus motivaciones internas con el impulso de combinar sabores e ingredientes para innovar menúes. Hasta ahí qué la motiva internamente.

En tanto su motivo externo puede ser el de vivir económicamente de la cocina, vender sus menúes a restaurantes y ganar 50 mil euros por año.

Si esta persona no logra un equilibrio entre sus dos fuentes de motivaciones es posible que se vea desmotivada prontamente. ¿Por qué? Porque si únicamente se concentra en su amor por la cocina (impulso intrínseco) puede que no logre remuneraciones que le permitan vivir económicamente de eso. 

Por el contrario, si sólo se mueve por el objetivo de ganar determinada cantidad de dinero y no lo consigue, probablemente la frustración llame a su puerta y  la desoriente. La razón está en que deja de lado ese motivo interno que era el amor por la cocina.

¿Tengo o quiero? Nuestro lenguaje crea realidades 

Además de ese sentimiento de desgano, podemos identificar la desmotivación en el modo de comunicarnos, en las palabras que utilizamos a la hora de expresarnos. Cuando le contamos a alguien “tengo que hacer” estamos connotando deber, obligación. Si, en vez, decimos “quiero hacer”, desvelamos un genuino interés. 

Para este síntoma, una buena estrategia es transformar los “tengo que” a “quiero o necesito”.  Lo que quiero o necesito está relacionado con la autonomía personal, con nuestra elección y no con una obligación externa.

¿Equivocación o aprendizaje?

Una de las claves para desarrollar nuestra propia automotivación y restar peso a las equivocaciones es el enfoque que le demos a  nuestros errores. Lo que marca la diferencia a la hora de sentirnos fracasadas o no es la mirada amable que le damos a la experiencia. Pues, equivocarse, es parte del proceso de aprendizaje que transitamos al hacer algo nuevo.

De modo que el foco con el que decidimos ver nuestras vivencias puede transformar la sensación de fracaso en una experiencia más a gestionar. Ahora que eres consciente de esta elección, tú ¿qué eliges? 

Para conocer más sobre tus motivaciones y cómo gestionarlas, te invito visitar mis programas de Identidad Profesional con Lorena Lichardi.

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